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MAR, 15 SEPT 2026
Vida

Caminar, pedalear o trotar suave: cómo sumar movimiento sin llegar al extremo

La Organización Mundial de la Salud sugiere entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada. Tres prácticas concretas permiten alcanzar esa meta con bajo impacto y beneficios sostenidos para el corazón y el metabolismo.

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Carolina BenítezSociedad y salud · 15 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Levantarse del sillón después de varias horas, sentir el cuerpo pesado y preguntarse por dónde empezar suele ser el primer paso. A mí me pasa seguido cuando termino una jornada larga frente a la computadora. La buena noticia es que moverse no exige entrenar para una maratón ni vaciar la billetera en un gimnasio: alcanza con sumar minutos a la semana a una intensidad que no nos deje sin aire.

La Organización Mundial de la Salud establece que los adultos deberían acumular entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio moderado, una meta que puede dividirse en bloques de 30 minutos cinco días por semana, o en sesiones más cortas distribuidas a lo largo de la jornada. Lo importante, remarcan los especialistas, es la constancia más que la intensidad.

Trote suave: correr sin perder la sonrisa

El slow jogging, o trote suave, fue sistematizado por Hiroaki Tanaka, fisiólogo del ejercicio de la Universidad de Fukuoka (Japón), bajo el nombre de "niko-niko pace", algo así como ritmo sonriente. La regla es simple: correr a una velocidad que permita mantener una conversación sin agitarse. Lo que para un corredor experimentado parece trivial puede representar un desafío moderado para alguien con poca actividad reciente. Estudios citados por Stephen Garland, profesor de Fisiología del Deporte en la Universidad de Malmö, asocian este tipo de inicio gradual con mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria, en el control de la presión arterial y en la regulación de la glucosa en sangre, siempre que la práctica sea regular.

Zona 2: medir la intensidad sin reloj en la muñeca

La zona 2 no es una disciplina sino una forma de calibrar cuánto nos exigimos. Se puede alcanzar caminando rápido, pedaleando, nadando o usando la elíptica. La referencia más sencilla es poder hablar con frases completas sin quedarnos sin aire. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte ubica ese umbral entre el 65% y el 75% de la frecuencia cardíaca máxima, aunque aclara que ese porcentaje no funciona igual en todas las personas: la edad, ciertos medicamentos y la condición física individual modifican la relación entre pulsaciones y esfuerzo real.

Un trabajo de Benedikt Meixner y colaboradores, publicado en Translational Sports Medicine, confirmó que no existe una definición universal de zona 2 basada exclusivamente en la frecuencia cardíaca. En paralelo, un metaanálisis difundido en Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports encontró mejoras en la capacidad cardiorrespiratoria y en indicadores cardiometabólicos en adultos que incorporaron actividad aeróbica de baja intensidad en su rutina.

  • Trote suave (slow jogging): correr a ritmo conversacional, sin agitarse, método desarrollado por Hiroaki Tanaka en la Universidad de Fukuoka.
  • Trabajo en zona 2: caminata rápida, bicicleta, natación o elíptica a una intensidad que permita hablar con frases completas.
  • Caminata nórdica: técnica que utiliza bastones para activar el tren superior y descargar el tren inferior, con buena recepción entre adultos mayores.

La caminata nórdica, que incorpora bastones especialmente diseñados, suma el trabajo del tren superior y reduce la carga sobre rodillas y tobillos, por lo que suele recomendarse a personas mayores o con limitaciones articulares. Puede practicarse en plazas y parques, lo que la vuelve una opción accesible en casi cualquier ciudad argentina.

Qué dice el estudio y qué todavía no se sabe

La evidencia disponible coincide en que la actividad aeróbica de intensidad moderada mejora indicadores como la presión arterial, el colesterol, la sensibilidad a la insulina y la capacidad aeróbica. Sin embargo, todavía no hay un acuerdo cerrado sobre cómo medir con precisión la zona 2 en cada persona ni sobre la dosis exacta que produce cada beneficio. Por eso, antes de cambiar la rutina o sumar una disciplina, conviene consultar con un profesional de la salud, sobre todo si se toman medicaciones, se tiene alguna afección crónica o se volvió a la actividad después de un tiempo sin moverse.

Una recomendación práctica para empezar esta semana

Si el plan es arrancar sin frustrarse, una alternativa concreta es elegir una de las tres modalidades, reservar 30 minutos tres veces por semana y mantener una conversación durante el ejercicio. Si se puede hablar sin agitarse, la intensidad probablemente esté en el rango adecuado. Si se corta el habla, hay que bajar el ritmo. Lo central es convertir el movimiento en hábito antes de buscar récords: los beneficios cardiovasculares y metabólicos aparecen con la regularidad, no con el esfuerzo de un solo día.

CB
Carolina BenítezSociedad y salud

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