La inteligencia artificial ayuda en la escuela, pero solo si el alumno no se la entrega en bandeja
Un estudio de PISA en más de 40 países revela que los estudiantes que usan chatbots de IA con moderación rinden mejor en ciencias que quienes los usan a diario o directamente no los usan. El dato abre un debate sobre cómo se están incorporando estas herramientas al aula y qué papel juega la lectura crítica.
El 86 por ciento de los estudiantes de países que integran la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, recurrió al menos una vez a un chatbot de inteligencia artificial para resolver una tarea escolar. El dato, lejos de ser una curiosidad estadística, es la punta de un hallazgo más incómodo: no alcanza con usar la herramienta, importa cómo se la usa.
El último informe del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, conocido por su sigla PISA, comparó el rendimiento en ciencias de los adolescentes según su frecuencia de uso de estas herramientas. El resultado dibuja una curva con forma de U invertida. Quienes las emplearon con moderación obtuvieron las mejores puntuaciones. En los extremos, los alumnos que casi nunca las usaron y los que las convirtieron en un paso automático de cada tarea rindieron peor. La diferencia entre los grupos no fue marginal.
Dos usos que marcan la diferencia
Dos usos que marcan la diferencia
La ventaja del grupo moderado se concentró en dos actividades muy concretas: pedirle a la IA que resumiera una lectura larga y utilizarla para investigar un tema nuevo antes de profundizar en él. En ambos casos, la herramienta funcionó como apoyo, no como reemplazo del esfuerzo de leer y pensar. Cuando el chatbot pasó a ser quien escribe, explica o resuelve la tarea completa, el efecto se revirtió.
Aproximadamente uno de cada cinco estudiantes declaró usar estas herramientas de forma casi cotidiana. Ese grupo tendió a obtener calificaciones más bajas en ciencias que quienes directamente no las usaban. El informe advierte sobre un mecanismo que se retroalimenta: a menor capacidad de lectura crítica, más difícil resulta detectar cuándo una respuesta generada por IA es incompleta o directamente equivocada. Y delegar sistemáticamente las tareas de lectura, resumen o razonamiento reduce las oportunidades de desarrollar esas mismas habilidades.
“El uso moderado e intencional de la IA para las tareas escolares y el aprendizaje puede estar relacionado positivamente con el rendimiento estudiantil.”Informe PISA de la OCDE
La OCDE compara el fenómeno con algo ya conocido en el mundo del deporte. Del mismo modo que no nos ponemos en forma viendo partidos, sino jugando, el aprendizaje no se produce mediante el consumo de contenido, sino como una lucha cognitiva productiva de la mente con material nuevo. La idea fuerza es que la herramienta puede sumar, pero no piensa por nosotros.
Una pendiente que arrancó antes de ChatGPT
Una pendiente que arrancó antes de ChatGPT
Conviene poner el dato en contexto. El declive en las calificaciones de PISA no es un fenómeno reciente. El programa registra una caída sostenida en lectura, matemáticas y ciencias desde 2003, es decir, más de dos décadas antes de que la inteligencia artificial generativa se masificara. La IA no inventó la dificultad de los estudiantes con la lectura larga ni con el razonamiento sostenido. Pero sí parece amplificarla cuando se vuelve el atajo por defecto.
- La frecuencia de uso no es lineal: poca IA y demasiada IA rinden parecido, y peor que un uso moderado.
- Los usos más asociados a mejores notas fueron resumir textos e investigar temas nuevos, no resolver la tarea entera.
- El informe no mide la herramienta en sí, sino el patrón de uso, por lo que no hay una IA buena o mala, hay un modo de usarla que conviene revisar.
- La caída de rendimiento en PISA viene desde 2003, mucho antes de la masificación de los chatbots.
- La recomendación operativa es tratar a la IA como un asistente para empezar o para ordenar ideas, no como quien firma el trabajo.
Como periodista, lo que más me interesa de este tipo de informes es la advertencia final que queda flotando. La inteligencia artificial llegó para quedarse en las aulas y en los hogares. La discusión ya no es si los chicos la van a usar, porque la usan. La discusión, y este reporte lo deja bastante claro, es qué lugar le damos en el proceso de aprender. Usarla con criterio puede sumar. Entregarse a ella, todavía sin saberlo, también puede restar. Mi consejo para padres y docentes es directo: vale la pena preguntarles a los estudiantes para qué usaron la herramienta y por qué, antes de celebrar o castigar el resultado.
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Agencia Libertad