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MAR, 15 SEPT 2026
Entretenimiento

Prácticamente magia 2 cierra la herida grande y deja la puerta entreabierta para una Owen más

La secuela con Nicole Kidman y Sandra Bullock resuelve la maldición de las hermanas, pero deja varios hilos narrativos sin atar, entre ellos el futuro de Gillian y de las nuevas generaciones.

TL
Tomás LagosCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

El pueblo de la familia Owen vuelve a levantar sus persianas y esta vez no lo hace con un arranque tibio. Prácticamente magia 2 se planta desde el primer acto con un parentesco inesperado: Tom Bailey, un primo lejano que no heredó ni un gramo de magia, aparece con un plan tan sencillo como efectivo, quedarse con el libro de hechizos para arreglar sus propios asuntos. El plan le sale mal. Las Owen lo desactivan con un conjuro colectivo y vuelven a demostrar que, juntas, son la peor noticia para cualquiera que se les cruce.

El verdadero terremoto de la película, lo que le cambia la vida a la saga, pasa en Massachusetts y en paralelo a ese forcejeo. Frances descubre que la única manera de romper la maldición que pesa sobre las mujeres de la familia, esa sentencia que se lleva puesto a cada hombre al que llegan a querer, es a costa de un sacrificio personal. Frances lo hace. Pone el cuerpo. Y como consecuencia directa, Gideon, el novio de Kylie que llevaba meses en coma, abre los ojos. Es el momento más cargado de la película y, a la vez, el más silencioso.

Después del sacudón, la vida sigue

Una vez que la maldición se rompe, el tono vira hacia la reconstrucción. Las dos Owen más jóvenes empiezan a asomarse a sus propios poderes, todavía con timidez, todavía sin terminar de entender qué les dejaron las mujeres que las precedieron. Kylie se casa con un Gideon que por fin está despierto. Sally retoma su vida sentimental de la mano de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega y que le devuelve a la Owen mayor algo de aire. La película termina sin escena poscréditos. Eso, lejos de ser un detalle, es una declaración.

Lo que queda en el aire

  • El arco de Gillian Owens no termina de cerrarse y se va con una sensación de capítulo pendiente.
  • Las Owen más jóvenes apenas empiezan a explorar su herencia mágica y todo lo que pueden hacer con ella.
  • Queda flotando la pregunta por el negocio familiar, esa casa y esa vidriera que las identifica desde la primera película.

Esos hilos son los que mantienen abierta la conversación sobre una tercera parte. No hay un cliffhanger con fanfarria, pero hay una saga a la que le falta redondear esquinas. La franquicia, además, vuelve en un contexto que le juega a favor: la primera entrega, la de 1998, se hizo fuerte en plataformas de streaming y una generación de espectadores la descubrió décadas después. Eso, más el buen recuerdo del material original, es el combustible que justifica sentarse a escribir una tercera Owen.

Ahora bien, ¿hace falta una tercera parte para cerrar esos arcos o el final actual ya alcanza? Me animo a decir que la secuela cumple con lo más difícil, sacar la maldición de encima de las Owen y dejar a la familia entera respirando. Lo que no hace es completar el cuadro. Y en una historia donde el conjuro siempre fue sentirse en casa, irse del cine con la sensación de que esa casa todavía no terminó de armarse es, como mínimo, un buen motivo para volver.

Para quién es esta película: para quienes crecieron con la primera entrega y quieren reencontrarse con las Owen, para quienes la descubrieron tarde en una plataforma y quieren ver si la magia sigue ahí, y para quienes no le tienen miedo a un cierre que no cierra del todo, porque a veces eso es lo más parecido a la vida real que puede ofrecer una historia de hechiceras.

TL
Tomás LagosCultura y espectáculos

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